Esquimo: El capricho de Manuel Bohórquez



Ya nadie duda la influencia de las nuevas tecnologías en el devenir del arte flamenco a lo largo del último lustro pero de ahí a publicar un libro de soleares tuiteras va un trecho.


En una preciosa noche de verano en la capital hispalense el crítico, investigador y escritor Manuel Bohórquez ha presentado su último libro, por primera vez edita una colección de poemas flamencos para ser cantados.

Esquimo, coplas flamencas en la red es el título del capricho de Bohórquez que tal como indica en la contraportada es un acto de osadía para un biógrafo flamenco con diez títulos a sus espaldas pero con ilusión y curiosidad para dar y regalar.

En La Casa de la Memoria se acordó Manuel del prestigioso periodista Paco Robles para presentar su poemario junto a Guiomar Sánchez, responsable de la editorial Culbuks, contribuyendo ambos a crear un ambiente distendido y divertido pero de alto nivel intelectual.

El autor en un acto de exhibicionismo sentimental, anhelado en este mundo de poses y postureo, fue indicando la dirección a su alma a través de las coplas que él mismo ha denominado como tuiteras, una colección de cantes publicados cada noche a través de Twitter y que divide en soleares para irse a dormir, solearendo a cuatro versos, fandangueando y poemas de media noche.

Una coqueta sala de actos jondos hervía repleta de artistas entre los que destacaban Rocío Márquez, Julián Julian Estrada, el tocaor Antonio Carrión, Rafael de Utrera, Jose de La Mena, Bernardo Miranda o Juan Antonio Ramírez que compartían espacio con periodistas, críticos flamencos, gente del toro y como no, los seguidores, que son muchos y fieles, del crítico sevillano emocionado por momentos, especialmente con el recuerdo de su madre convaleciente de una grave enfermedad.


Terminó la presentación del libro recitando a dúo el autor y su amigo Robles algunas de las coplas impresas con tanto gusto por Culbuks e ilustradas por el dibujo cabal de Patricio Hidalgo.

El propio Bohórquez dio paso, imprescindible para rematar la velada flamenca, al cante del joven Fernando Caballo con la entusiasta guitarra de Samuel Gutiérrez y la hiriente voz de Ana La Yiya con la enjudiada sonanta de Antonio Garcia Hijo. Ambos interpretaron soleares con letras de Esquimo que resultaron más jondas sin caben en las voces de los artistas.

Resumiendo, una presentación de arte para las coplas del crítico más querido por unos y odiados por otros del panorama flamenco que en recuerdo al maestro Félix Grande se marca el caprichito de publicar sus emociones en verso conocedor de que nunca volará el halcón por encima de sus alas, y de que desde anoche nadie le puede decir que fue un sueño.

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